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Alastair Carmichael, librero: “Para mí leer es una enfermedad que se ha convertido en profesión”

Desde 1993 Alastair Carmichael regenta una librería anticuaria radicada en la pequeña localidad cántabra de Lloreda de Cayón. Socio de Biblio desde 2021, en su catálogo se pueden encontrar primeras ediciones firmadas de ‘Cien años de soledad’ o de ‘El coronel no tiene quien le escriba’.


Carmichael Alonso Libros
Librería Carmichael Alonso, situada en Lloreda de Cayón, Cantabria.

Al librero e impresor Alastair Carmichael (Sussex, 1959) la profesión no le viene de tradición familiar, aunque algún pariente lejano sí que se aventuró en el mundo de las letras con peculiares relatos, entre los que se encuentra un libro sobre burros o un manual sobre cómo cocinar en un betsit, un tipo de vivienda británica que solo tiene una habitación.

Su pasión por el mundo del libro antiguo se forjó en las librerías anticuarias de Oxford, donde Carmichael se perdía en su época de estudiante de Literatura inglesa a finales de los años setenta y principios de la década de los ochenta. “Para mí leer es una enfermedad que se ha convertido en profesión”, cuenta desde Lloreda de Cayón, un pequeño pueblo cántabro en el que se encuentra Carmichael Alonso Libros, la exquisita librería que regenta desde 1993 y cuyo catálogo puedes consultar en Biblio.

Cuando buscas libros para tu librería, ¿lo haces en función de tus intereses personales o de las tendencias del mercado del coleccionismo?

Las compras voluminosas las hago principalmente en Cantabria. Me suele llamar alguien que vende una biblioteca y compro una gran parte de lo que hay, y hay de todo. Esas adquisiciones son, de alguna manera, las más interesantes, porque suelen tener sorpresas. La semana pasada, por ejemplo, hice una compra y había una obra de Amador de los Ríos sobre inscripciones arábigas en España, un libro muy interesante, raro y valioso. Y esa copia en concreto llevaba una dedicatoria del autor a José María de Pereda que ni siquiera la había visto al comprarla, lo que hace que el ejemplar tenga gran interés. Por otro lado, también compro libros más específicos a otros libreros en función de mis intereses más particulares.

¿Cómo condiciona tu negocio el hecho de que la librería se encuentre en un pueblo de Cantabria?

Mis ventas son casi exclusivamente por internet, hay muy poca gente que venga aquí. Cantabria no es una región con mucha tradición de libro antiguo. Gracias a internet, a lo largo de los años he ido forjando amistad con clientes que pueden estar en EEUU o en otra parte de España, a pesar de no haberlos visto nunca.

Es un poco la versión moderna de 84, Charing Cross Road.

¡Sí, en su caso es a través de correspondencia por carta! Por ejemplo, los libros hispanoamericanos de mi catálogo los compro principalmente a un amigo cubano, al que sí conocí hace varios años en persona durante un viaje a Cuba, pero nos intercambiamos correos electrónicos o Whatsapps con mucha frecuencia.

De hecho, en tu catálogo tienes una preciosa primera edición de El coronel no tiene quien le escriba y cuentas que muchas de las copias de esa edición terminaron desguazadas y utilizadas por un comerciante del interior de Colombia para envolver semillas de comino.

Ese ejemplar en concreto está dedicado por García Márquez a Luis Marré, un poeta cubano con el que había coincidido en la Agencia de prensa que se montó en Cuba después de la Revolución y con el que mantenía una amistad. En los años 2000, Gabo visitó a Marré, que se encontraba en una situación de extrema pobreza, y le dedicó el ejemplar.

¿Qué diferencias hay entre el mercado del libro de viejo anglosajón y el español o hispanohablante?

El mercado anglosajón del libro, sobre todo de Reino Unido y Estados Unidos, incluso Australia y Canadá, es un monstruo; mientras que el español, en comparación, es muy pequeñito. Por ejemplo, en cuestiones de bibliografía, el autor de La Biblia en España, George Borrow, era bastante conocido en España porque fue un importante viajero romántico, pero realmente en el mundo de la literatura inglesa es una firma muy menor. Pues él tiene un volumen de bibliografía en la que se detallan todas sus publicaciones; mientras que en España, un autor como Federico García Lorca también tiene una obra sobre sus publicaciones, pero elaborada en Estados Unidos hace 50 años o más. Con esto quiero decir que aquí apenas existe bibliografía, hay alguna muy básica sobre Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. Las obras inglesas o estadounidenses, en cambio, entran en todos los detalles, incluso en las pequeñísimas variantes de las primeras ediciones.

A veces resulta complicado encontrar información sobre primeras ediciones de obras que están en el canon de la literatura española.

Existe el conocido como el Palau, el Manual del librero hispanoamericano, que tiene 28 tomos, y es obra de un librero de Barcelona que durante más de 50 años estuvo anotando todo sobre los libros que pasaban por su librería y las referencias de catálogos de otros libreros. Algunas veces le falta un poco de detalle, pero está muy bien. Cualquier librero un poco serio y profesional debe tener el Palau. Y si no lo tiene, hay que desconfiar de su profesionalidad.

¿Qué libro de tu colección consideras que es más especial?

¡Pues un libro que acabo de vender y que me da mucha pena! Se trata de la Oda a Walt Whitman, de Federico García Lorca, que se incluyó en Poeta en Nueva York, pero que apareció primero en los años treinta en México en una edición de apenas 50 ejemplares. Yo tenía uno de ellos con una dedicatoria a un joven amigo de Federico, que era de la Falange y que, cuando se enteró de la muerte de Federico, escribió un artículo en la prensa lamentando el hecho. Algo que casi le cuesta la cárcel. Creo que perdió su carnet de periodista del régimen franquista por haberse atrevido a publicar un artículo lamentando la muerte de un poeta que había sido fusilado por los franquistas. Además de la dedicatoria, el libro tenía un dibujo de Walt Whitman hecho a mano por Federico y es una edición preciosa, muy bien hecha por una pequeña editorial mexicana. Es el único libro abiertamente homosexual de Federico y un poema precioso.

¿Tienes alguno que no quieras vender?

Con este en concreto estuve muchos años sin decidirme, lo puse en un catálogo, después lo quité porque no quería venderlo, pero un cliente que lo había visto quiso comprarlo. También tengo, y no a la venta, el primer escrito de Alberti que haya sobrevivido, que es un cuento que escribió en 1921, mucho antes de haber publicado nada, cuando él se veía a sí mismo como pintor y no como poeta. Es otra obra muy, muy bonita.

Buscando libros para tu catálogo, ¿qué es lo más sorprendente que has encontrado?

Muchas veces no son cosas muy caras, sino bonitas, que te llaman la atención y te abren un camino de descubrimiento. Hace unos años, en una compra, había un par de libros publicados por un grupo poético gallego llamado Rompente y desde entonces busco cosas suyas. Publicaron a finales de los setenta y principios de los ochenta y son prácticamente las únicas publicaciones punkis que hubo en España, encima en gallego, una cosa muy, muy rara, tienen títulos como As ladillas do travesti. Son libros con una estética punki, con el lomo en espiral. Creo que tengo más o menos todo lo que publicaron, algún día haré un catálogo y los pondré a la venta, pero de momento prefiero mantenerlos.

¿Cómo crees que evolucionará el mercado del libro de segunda mano en el futuro más próximo?

Pues no tengo ni idea. Pienso que llegará el momento, y me extraña que no haya llegado ya, en el que el libro en papel deje de ser el soporte principal para la lectura. Me extraña que todavía se estén publicando tantos libros en papel. Yo tengo e-book y cuando me voy de vacaciones normalmente lo llevo. Pienso que el papel va a quedar como un soporte un poco arcaico. Habrá coleccionismo de libros, pero va a ser un coleccionismo un poco anticuario, no para leer. Y, en ese caso, van a sobrar muchísimos libros. Es algo que incluso se ve ahora. En Alemania en el siglo XIX hubo una gran producción con encuadernaciones muy bonitas y muy bien hechas, pero se trata de obras impresas con tipos antiguos alemanes, tipos góticos, y los alemanes de ahora no saben leerlos. Antes, en las familias burguesas, cada generación iba comprando libros y los añadía a la biblioteca que había heredado de sus padres, de sus abuelos o de sus tíos, y se las pasaban a sus hijos. No creo que eso vaya a continuar en el futuro. Esas bibliotecas seguramente se deshagan y no vaya a haber mercado para esos libros. Y además, buena parte de los libreros superamos los sesenta años, no hay muchos jóvenes en el sector.

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